o por nuevas avenidas representadas por las «FinTechs», quienes aplican las tecno- logías digitales para ofrecer servicios financieros. Si recorremos la historia de la humanidad, los servicios financieros, en todo momento han requerido de un gran oficio que demanda conocimientos múltiples, desde las matemáticas hasta la geopolítica y sin lugar a dudas de la antropología y la psicología, es decir, el conocimiento del cliente y su entorno. Prácticas profesionales rigurosas se arraigaron en el mundo de la Banca precisamente porque el dinero y la deuda son de la mayor importancia para cualquier actividad económica y, por tanto, no se podían ni debían dejar en manos de cualquiera. Por ello, los bancos son manejados por personas profesionales y talentosas, orgullosas de haber aprendido la importancia de su contribución a la sociedad, quienes enfrentan un tenaz escrutinio por parte de reguladores cuyo objetivo último es la protección del público. No es extraño entonces que quienes manejan la Banca sean cautelosos, algunos dirían hasta lentos para operar. Así los encontró el siglo XXI, con un conocimiento enorme de su métier, de su territorio, avanzando con equipos internos de tecnología, pero a un paso aritmético, mientras el mundo de la tecnología externa lo hacía a velocidades exponenciales.Ya bien entrado el siglo XXI —pues casi una quinta parte del mismo ha transcurrido—, la Banca, los servicios financieros y sus reguladores tienen que hacer frente a esa realidad de un mundo de dos velocidades. Vivimos no una época de cambios sino un cambio de época. La tecnología y los em- prendedores son una avalancha transformadora y los participantes en la industria FinTech, sus reguladores y los demás agentes involucrados en cualquier actividad de la cadena de valor alrededor de dinero lo saben y lo viven día con día. Para ello, a manera de mapa de navegación se les ha dado un marco legal, una «Ley FinTech» que coloca a México a la vanguardia internacional. El ordenamiento legal es como los mapas iniciales de las Américas, perfectible sin duda, pero en todo caso navegable. Así que ¡Carpe diem! UN CAMINO DE DOBLE SENTIDO 22
